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(Baracaldo) Genevilla

81 años

"Hay lugares que nunca dejan de llamarnos por nuestro nombre. Para María Isabel, ese lugar siempre será Genevilla."

María Isabel ha pasado buena parte de su vida entre dos maneras muy distintas de entender el mundo. La ciudad le enseñó el ritmo de las cafeterías, el cine y el oficio de costurera. El pueblo, en cambio, nunca dejó de ser el lugar al que siempre se vuelve.

Cada verano regresaba a Genevilla, donde todavía había que ir a la fuente para traer agua a casa y donde las conversaciones se alargaban al caer la tarde, sentados a la puerta, sin más prisa que la de dejar pasar el tiempo. Hoy continúa haciéndolo. Aunque vive en Barakaldo, sus hijos mantienen el vínculo con el pueblo y ella sigue encontrando allí una forma de vida que nunca ha querido perder.

Sus recuerdos también conservan la dureza de la posguerra. En casa no faltaba comida, pero sí la tranquilidad. El aceite y el trigo se escondían en la pajera de los bueyes para evitar las requisas, mientras los guardias registraban las casas en busca de cualquier alimento. Había enfermedades para las que aún no existía remedio y despedidas que reunían a todo el pueblo antes de que sonaran las campanas.

Sin embargo, cuando María Isabel habla de Genevilla, no lo hace desde la nostalgia. Habla desde el arraigo. De un lugar donde las puertas permanecían abiertas, cualquier vecino podía entrar en casa sin llamar y la vida transcurría con una cercanía que todavía echa de menos.

Escucharla es comprender que hay lugares que nunca dejan de pertenecernos, aunque la vida nos lleve lejos de ellos.

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